Escogimos una habitación en el Hotel Monarca de Puerto Madero por su relación calidad-precio y por encontrarse una zona céntrica y segura. Las habitaciones y prestaciones son bastante básicas, pero su ubicación es la ideal para una visita turística.

Para conocer la ciudad decidimos contratar un tour privado. Aunque no soy muy afín a contratar guías, fue un gran acierto por varios motivos:

  • Por seguridad: ir con alguien que conoce la zona es siempre una ventaja en este sentido.
  • Por comodidad: moverse de un sitio a otro en vehículo privado permite aprovechar mejor el tiempo y, en visitas de pocos días, se agradece.
  • Porque nos lo recomendaron: cuando alguien que conoces lo ha probado y la experiencia ha sido positiva sabes que apuestas sobre seguro.

El guía, Tomás, fue a recogernos a la puerta del hotel en su coche particular. Fue muy amable desde el primer momento, y aunque ya tenía el itinerario previamente preparado, se mostró bastante flexible a nuestros intereses.

En la primera parte del tour cambiamos el coche por un pequeño barco, iniciando un recorrido por el Delta del Tigre.

Fue la gran sorpresa del viaje. Nos enseñó una parte de Buenos Aires que, al menos yo, desconocía por completo y que escapa de la imagen que teníamos en la cabeza cuando decidimos visitar la ciudad.

Al final del recorrido volvimos al coche e hicimos una pequeña parada para comer antes de continuar.

Nuestro siguiente destino fue el Cementerio de la Recoleta, que según nos explicó nuestro guía, es uno de los más visitados del mundo. Tomás aprovechó está parada para hablarnos sobre las grandes personalidades de la ciudad y para contarnos un poco de su historia.

Pasamos por la Casa Rosada en coche; decidimos no hacer esta parada ya que se encontraba cerca de nuestro hotel y teníamos más días para recorrer los puntos cercanos por nuestra cuenta.

Seguimos hasta Caminito, otra parada obligada. Es un barrio con mucho color, historia y encanto. Allí tomamos un café y visitamos algunas tiendas donde comprar souvenirs.

Pasamos, aunque tampoco pudimos parar, por el barrio de San Telmo, otra de las estampas típicas de la ciudad. Nuestra última parada fue en Palermo Soho. Tomás nos recomendó un restaurante donde cenar tranquilos en una conocida zona repleta de locales de hostelería, por lo que luego de la cena aprovechamos para tomar una copa.

Otra de las experiencias inolvidables de este viaje fue el trayecto Buenos Aires-Colonia del Sacramento (Uruguay) en barco.

Nos permitió ver la ciudad desde otra perspectiva, llevándonos la mejor de las imágenes en la retina.

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